Emprendemos acciones mucho más importantes que el Premio Iberoletras, auque es cierto que en las ciudades nos conocen únicamente por eso. Sin embargo, en las zonas rurales casi todos desconocen su existencia y la de cualquier otro certamen literario. Para escribir hace falta saber leer y, para ello, es mejor si se cuenta con libros.  

   
Educación
Hemos centrado nuestros esfuerzos en los países con mayores índices de analfabetismo. Dos de las causas, que acompaña a la pobreza, son la falta de profesores y la corrupción. Las donaciones que hicimos para apoyar a la educación fueron devoradas en el camino y sólo llegaron migajas al destinatario final. Como solución, cambiamos el dinero por las ideas y llegamos a los jóvenes universitarios,  quienes comenzaron a emplear sus vacaciones y sus propios recursos para ir al campo a enseñar.
   
Bibliotecas

En las grandes ciudades hay que fomentar el uso de las bibliotecas. En los pueblos, fundarlas o, si existen, nutrir sus estanterías vacías. Y una vez más, la corrupción se benefició de las donaciones. Los contenedores de libros que enviamos a un par de países se vendieron en los mercadillos. Volvimos a recurrir a las ideas. Incentivamos a los lugareños para que diesen sus libros directamente a la biblioteca a cambio de un carné vitalicio. Hoy, ellos mismos controlan el inventario de cuando en cuando.

   
 
 
 
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